miércoles, 30 de noviembre de 2011

Juez a favor

Regrese de un corto viaje y al llegar al departamento somnoliento intenté acomodar algunas cosas, cuando me dí cuenta estaba en un pasillo de alfombra roja con macetas y plantas verdes en el corredor, estaba por entrar a uno de los departamentos donde se llevaba acabo una fiesta-reunión en la que no logré reconocer a alguien, solo había una persona que no era de mi agrado con la cual me topé en el corredor e intercambiamos miradas.

Asumí que se retiraba de la reunión al ver que ingresaba a uno de los baños de servicio del piso en el que nos encontrábamos y forzosamente tenia que utilizar el elevador. Como escarmiento re programé el elevador del edificio de tal forma que el aparato al subir subiera tanto que saliera de órbita no solo del edificio si no del planeta y al descender descendiera tanto que creara un boquete al infierno, todo de forma semi consciente.

El personaje sale del baño y se dirige al elevador clavándome al mirada nuevamente. La máquina cierra las puertas e inicia su trabajo, al ver el elevador como subió y bajo dos veces sin crear ningún estruendo regresé por un momento al departamento donde se realizaba la fiesta, después de un rato salgo curioso nuevamente al pasillo para saber que había sucedido.

La primera imagen es ver que al final del pasillo a la altura del elevador ya no existía pared de fondo, había conectado al corredor del edificio un camino formado por estructuras de metal y piso de madera, el camino se separaba en "N" cantidad de vías a diferentes alturas pero todas con la finalidad de ser espectadores ante una escena que se llevaba acabo.

La escena en general se llevaba a cabo en un lugar árido y rodeado de cerros también aridos, el clima era templado seminublado.

Al seguir el camino este iba siendo señalado en el piso de forma sarcástica la cantidad de personas que podía soportar cada vía, no recuerdo literalmente que decía cada anuncio pero era algo similar a "somos los necesarios" o "gracias ya no te requerimos" de tal forma que al ir pisando existía una relación entre la cantidad de personas que habría como espectadores por cada camino y si esta cantidad era superada aun con la prevención de los anuncios el principal interlocutor del evento que se realizaba en escena, se daba cuenta inmediatamente y te señalaba frente a todos y de forma política te hacia ver que habías superado el límite y que habías pasado por alto los anuncios.

Casi por llegar al final de uno de estos caminos para ver lo que sucedía, me encontré con un buen amigo de la universidad que no logré ver en la reunión pero me cuestionaba sobre lo sucedido. A forma de grandes risas y palabras me preguntaba si yo había originado lo que pasaba, a lo cual solo sonreía y mantenía silencio.

Caminamos por el mismo camino hasta llegar al borde donde podíamos ver claramente lo que pasaba en el centro. Las estructuras estaban estrategicamente acomodadas con la finalidad de poder apreciar lo que se llevaba a cabo.

En ese centro se observaba la persona que no era de mi agrado sentado en una tribuna donde estaba siendo enjuiciado. No había duda que el juicio era por las acciones que había tenido hacia mi persona.

El juez vestía un traje azul índigo y calzaba un par de tenis de basketball, al caminar haciendo alegatos sobre el enjuiciado el par de tenis cambiaba no solo de colores si no de modelo.

Al ver lo que sucedía y la atmósfera creada para el evento  me dí cuenta que el juez era el hijo menor de satán......continuará

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